ESTRÉS, LA EPIDEMIA DE NUESTRO SIGLO

¿Qué es el estrés?

Es un amplio, ambiguo y, frecuentemente mal entendido concepto. En su sentido más simplificado posible, estrés es lo que una persona siente cuando las demandas de la vida exceden de la capacidad individual para poder llegar a cumplir dichas demandas. En un sentido más precisado, el estrés, es el resultado de un trastorno continuado, o también debido a factores físicos como una nutrición deficiente o no adecuada; cirugía, exposición a sustancias químicas bien por inhalación, bien por contacto; ejercicio excesivo; falta de horas de sueño, o una multitud de otras causas. El estrés va más allá de lo que en realidad uno mismo siente, provocando cambios en el sistema inmune, en las funciones hormonales, enzimáticas y en la función gastrointestinal.

 

La realidad es que el planteamiento más popular a la hora de enfrentarse a los problemas del estrés son los fármacos tranquilizantes. En vez de fijarnos en los hechos de la realidad, en vez de comprender que vivimos en un mundo lleno de prisas y exigencias, en el que se modifican las condiciones económicas, sociales y culturales más rápidamente de lo que podemos asimilar, en contrapunto con las tradiciones y los tabúes más arraigados, en vez de reconocer que este desarrollo corre paralelo con un alarmante aumento de enfermedades crónicas, trastornos del comportamiento y enfermedades psíquicas. El remedio está en identificar las fuentes del estrés y hacer lo posible por neutralizarlo. No debemos refugiarnos en la pasividad y recurrir a los tranquilizantes, el alcohol o las drogas.

 

Los métodos alternativos, como un estilo de vida saludable, las técnicas de relajación y los complementos adaptógenos son considerados una gran ayuda encaminada a prevenir el estrés perjudicial y sus consecuencias.

 

Síntomas físicos del estrés.

Tanto el estrés agudo con el crónico afectan al organismo. Cuando una persona experimenta estrés agudo, el organismo entra en un estado de emergencia liberando hormonas que generan diversos cambios transitorios. Mientras que el estrés agudo generalmente no entraña perjuicios para la salud, el crónico puede causar alteraciones físicas potencialmente peligrosas para nuestra salud.

 

Controlar el estrés.

Aprender a reconocer y controlar el estrés en una habilidad esencial en la vida. Las personas que saben trabajar para mejorar su resistencia al estrés o que son capaces de superar sus efectos tienden a estar emocional y físicamente más sanas que aquellas que se sienten estresadas gran parte del tiempo y creen que no pueden cambiar sus circunstancias. Es de gran ayuda, por tanto, aprender a adoptar algunos métodos básicos para controlar el estrés.

 

Métodos para combatir el estrés.

1.- Tener el convencimiento de que se puede dominar la situación o influir sobre ella.

2.- Entregarse a los pequeños placeres de la vida y disfrutar de sus mínimos detalles.

3.- Dedicarse a sí mismo un tiempo suficiente cada día, hasta obtener un rango de importancia en uno mismo.

4.- Considerar los cambios como una forma de crecimiento personal, para desarrollar nuevos potenciales.

5.- Considerar las crisis y los fracasos como experiencias de aprendizaje.

6- No restar importancia a las pequeñas alegrías de la vida.

7.- Cultivar el optimismo y el pensamiento positivo.

8.- Alimentar la amistad y la comunicación auténtica.

9.- Realizar de forma regular algún tipo de ejercicio.

10.- Realizar un control y distribución del tiempo en las 24 horas del día: Trabajo, familia, ocio, descanso, sueño, etc.

Dieta saludable.

Elementos negativos en la dieta: bebidas que contengan cafeína, bebidas alcohólicas, azúcar, exceso de sal, exceso de productos cárnicos, exceso de productos lácteos y tabaco.

Alimentos positivos: cereales integrales y biológicos (trigo, arroz, avena, cebada, centeno, maíz, etc.), legumbres biológicas (soja, habas, lentejas, garbanzos, etc.), frutas y verduras frescas.

 

Suplementos nutricionales y nutrición ortomolecular:

Vitaminas: del grupo B y vitamina C.

Minerales: calcio, cromo, magnesio y potasio.

Aminoácidos: G.A.B.A., L-Glutamina, taurina y tirosina.

Otros suplementos nutricionales: enzimas digestivas, probióticos, fosfatidilserina y ácido alfa-lipoico.

Suplementos herbarios: Ginseng coreano, ginseng siberiano, ginseng americano, rodiola, ashawagandha, regaliz, astrágalo, hipérico, manzanilla, pasionaria, valeriana, entre otras.

 

“El hombre moderno debe dominar su estrés y aprender a adaptarse, pues de lo contrario se verá condenado al fracaso profesional, a la enfermedad y a la muerte prematura”.

Hans Selye

 

 

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